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Crisis en el transporte público: menos colectivos, más demoras y fuerte malestar en el AMBA
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Crisis en el transporte público: menos colectivos, más demoras y fuerte malestar en el AMBA

Hace días que el servicio se ve afectado y no hay pronósticos de mejora en la brevedad

Redacción de toda la data
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El transporte público en Argentina, especialmente en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), atraviesa una situación crítica. La reducción de frecuencias en las líneas de colectivos generó demoras extremas, largas filas y un deterioro general en la calidad del servicio, afectando a millones de usuarios.

Según datos del sector, más de 100 empresas han recortado sus servicios, en algunos casos hasta un 50%, lo que provocó esperas de hasta una hora en distintos puntos del conurbano y la Ciudad de Buenos Aires. La situación también comenzó a impactar en ciudades como La Plata, donde en los últimos días se replican problemas similares.

Detrás de esta crisis hay un conflicto estructural entre las cámaras empresariales y el Gobierno, centrado en la sostenibilidad económica del sistema. Las empresas sostienen que existe un fuerte desajuste entre los costos operativos y los ingresos que perciben, tanto por tarifas como por subsidios.

Uno de los principales factores es el aumento del gasoil, que subió cerca de un 25% en el último mes, impulsado por la inestabilidad internacional y el conflicto en Medio Oriente. Las compañías aseguran que no cuentan con los recursos suficientes para mantener la totalidad de los recorridos habituales.

A esto se suma la denuncia de deudas en el pago de subsidios por parte del Estado, tanto a nivel nacional como provincial. Desde el sector empresarial advierten que la falta de estos fondos es determinante en la reducción del servicio, al punto de calificar el sistema como “colapsado”.

Otro punto de tensión es el atraso en la actualización de la estructura de costos, que incluye gastos en mantenimiento, repuestos y salarios, en un contexto inflacionario que, según las empresas, no se refleja en la fórmula vigente.

Mientras tanto, el impacto en los usuarios es cada vez más evidente. En las últimas semanas se profundizó lo que muchos definen como la paradoja de “tarifa alta y servicio pobre”: el boleto mínimo aumentó a valores de entre $700 y $871,30, pero la frecuencia de las unidades cayó alrededor de un 30%. Esto se traduce en colectivos saturados, largas esperas y mayores dificultades para trasladarse.

El gasto en transporte también se volvió más significativo para los hogares. Se estima que representa cerca del 47% de la canasta de servicios de una familia promedio, lo que incrementa la presión sobre los ingresos en un contexto económico complejo.

Las condiciones de viaje reflejan el deterioro del sistema. En centros de trasbordo como Constitución se registran escenas de caos, con filas extensas bajo la lluvia y sin certezas sobre la llegada de los colectivos. Esta situación genera además consecuencias en el ámbito laboral, con demoras recurrentes que afectan la puntualidad y aumentan el nivel de estrés en la rutina diaria.

Con el conflicto aún sin resolución, el transporte público en el AMBA enfrenta un escenario de creciente tensión, donde la combinación de costos en alza, subsidios en disputa y tarifas elevadas pone en jaque la calidad y la accesibilidad de un servicio esencial.