logoazultdn
Rafael Grossi, el argentino que busca liderar la ONU en un momento crítico global
Actualidad

Rafael Grossi, el argentino que busca liderar la ONU en un momento crítico global

El diplomático argentino Rafael Grossi emerge como uno de los principales candidatos a convertirse en el próximo Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Sebastian Avellaneda
Compartir:

En un mundo atravesado por conflictos, tensiones geopolíticas y una creciente crisis de legitimidad del sistema internacional, el diplomático argentino Rafael Grossi emerge como uno de los principales candidatos a convertirse en el próximo Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Actualmente se desempeña como director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), ocupa el cargo desde el año 2019, Grossi ha construido una sólida carrera dentro del sistema internacional.

Es un diplomático de trayectoria, ha sido embajador, representante ante organismos multilaterales y una figura clave en negociaciones vinculadas a la seguridad nuclear, incluyendo gestiones en escenarios complejos como Irán y el conflicto entre Rusia y Ucrania.

Su perfil, combinado con una fuerte capacidad de diálogo político, lo posiciona como un candidato con experiencia concreta en la resolución de crisis globales, una cualidad altamente valorada en un momento donde la ONU busca recuperar relevancia y eficacia.

La elección, que definirá al sucesor del actual secretario general António Guterres a partir de 2027, cuenta con cuatro postulantes principales:

El propio Rafael Grossi (Argentina) Michelle Bachelet (Chile), ex presidenta y ex alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos Rebeca Grynspan (Costa Rica), actual titular de la UNCTAD Macky Sall (Senegal), expresidente de su país

Todos ellos han participado en audiencias ante los Estados miembros, donde expusieron sus propuestas para reformar y fortalecer la organización en áreas clave como paz, desarrollo y derechos humanos.

La tradición no escrita de rotación regional indica que América Latina tiene altas probabilidades de ocupar el cargo en esta ocasión, lo que fortalece las candidaturas de la región.

Sin embargo, la competencia interna es fuerte, especialmente ante el impulso de sectores que promueven por primera vez la elección de una mujer al frente de la ONU, lo que beneficia a candidatas como Bachelet o Grynspan.

La competencia entre ambos también refleja tensiones políticas en América Latina. Grossi cuenta con el respaldo institucional de Argentina, mientras que la candidatura de Bachelet sufrió un golpe significativo cuando el gobierno chileno decidió retirarle su apoyo oficial, aunque mantiene el respaldo de otros países de la región.

Incluso, el propio Grossi marcó diferencias públicas al cuestionar que Bachelet compita sin el respaldo pleno de su país, dejando en evidencia que la disputa no es solo técnica, sino también política.

Aun así, Grossi cuenta con otro elemento a favor: su creciente reconocimiento internacional. Incluso ha sido mencionado entre las figuras más influyentes del año, lo que refleja su peso en la agenda global.

Entre los aspirantes, Grossi aparece como uno de los perfiles más equilibrados. A diferencia de otros candidatos con trayectorias predominantemente políticas, su carrera combina diplomacia, conocimiento técnico y experiencia directa en organismos internacionales.

Uno de sus principales activos es su capacidad de interlocución con las grandes potencias. Analistas destacan que mantiene vínculos de trabajo con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad —Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido—, un factor determinante dado que ese órgano tiene poder de veto en la elección final.

Además, su gestión al frente del OIEA lo ha colocado en el centro de conflictos sensibles, donde ha actuado como mediador y garante técnico, reforzando su imagen de funcionario independiente y pragmático.

Grossi también impulsa una visión de la ONU más activa y resolutiva, con mayor capacidad para intervenir en crisis antes de que escalen. En un escenario donde la organización es cuestionada por su falta de eficacia, este enfoque podría resultar clave.

La elección del Secretario General no depende únicamente del voto mayoritario, sino de complejas negociaciones diplomáticas. El Consejo de Seguridad propone un candidato sin vetos de sus miembros permanentes y luego la Asamblea General lo confirma.

En ese escenario, la capacidad de consenso, la experiencia en gestión de crisis y la confianza de las potencias serán factores decisivos. Con ese perfil, Rafael Grossi no solo representa una candidatura sólida, sino también una opción que combina experiencia, pragmatismo y conocimiento técnico en un momento donde la ONU necesita redefinir su rol en el mundo.

Nació en Buenos Aires, en el año 1961 se graduó en la carrera de Ciencias Políticas en la Universidad Católica Argentina, ingresó al servicio exterior argentino (ISEN) en el año 1985 tras egresar con la medalla de plata, ahí comenzó su carrera de formación nuclear. Formó parte de la empresa argentina de alta tecnología INVAP.

Es experto en temas de seguridad, desarme y no proliferación nuclear. Entre el año 1997 y 2000 fue Presidente del Grupo de Expertos Gubernamentales de las Naciones Unidas, sobre el registro de Armas, luego fue asesor del Subsecretario General de Naciones Unidas en materia de desarme de armas nucleares.

Rafael Grossi es un diplomático de carrera con más de 35 años de experiencia en el campo de la no proliferación y el desarme. Desde 2019, se desempeña como Director General del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), siendo el primer latinoamericano en ocupar este cargo. Combina su formación rigurosidad académica con la destreza operativa: es doctor en Relaciones Internacionales, Historia y Política Internacional, y ha representado a la Argentina ante organismos de altísimo nivel, consolidándose como un experto técnico y un negociador político implacable.

Del Año 2002 al 2007, fue jefe de gabinete del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) con sede en Viena (Austria) y de la Organización para la prohibición de las Armas Químicas con sede en La Haya (Países Bajos). Durante sus cargos en Naciones Unidas visitó instalaciones nucleares de Corea del Norte y tuvo varias reuniones con delegaciones iraníes para congelar su programa nuclear.

Ocupó cargos dentro de la Cancillería Argentina, fue director general de coordinación política del año 2007 al 20017, ocupó cargos en la embajada Argentina en Bélgica. Tuvo la misión de representar a la Argentina ante la Oficina de ONU en Ginebra.

Entre el año 2010 y 2013 fue nombrado director general adjunto de la OIEA, al finalizar el 2013 la presidenta Argentina lo nombró embajador de Austria. Su formación combina la rigurosidad académica con la destreza operativa: es doctor en Relaciones Internacionales, Historia y Política Internacional, y ha representado a la Argentina ante organismos de altísimo nivel, consolidándose como un experto técnico y un negociador político implacable.

Una labor marcada por la audacia y la seguridad global

Lo que distingue la gestión de Grossi en el OIEA es su enfoque "de poner los pies en el terreno". Mientras que otros organismos internacionales suelen operar desde despachos en Viena o Nueva York, Grossi ha liderado personalmente misiones a zonas de conflicto.

En Zaporiyia y el frente ucraniano: Su labor más destacada ha sido la creación de una zona de protección en la central nuclear de Zaporiyia. En un hecho sin precedentes, estableció una presencia permanente de inspectores en una planta nuclear activa en medio de una guerra, evitando potencialmente un desastre radiológico de escala continental.

Mientras que en el reciente conflicto de Irán y el programa nuclear: Ha mantenido canales de diálogo abiertos y técnicos en momentos donde la diplomacia política parecía agotada, insistiendo siempre en la verificación y la transparencia como únicas garantías de paz. En cuestiones de tecnología para el desarrollo: ha impulsado programas como Rays of Hope, destinados a llevar medicina nuclear para el tratamiento del cáncer a países en desarrollo, demostrando que el átomo tiene un propósito humanitario esencial

Rafael Grossi no solo representa la excelencia de la diplomacia profesional, sino también un liderazgo pragmático que el sistema internacional reclama con urgencia para enfrentar los desafíos del siglo XXI.