
Argentina bicontinental: ¿Cómo pensar la Patria con usurpadores en nuestro territorio?
TODA LA DATA te cuenta cómo la presencia británica es un condicionante para el desarrollo y la soberanía de la Argentina Bicontinental.

La idea de “Argentina bicontinental” se consolidó en los últimos años como una definición política, geográfica y jurídica que amplía la comprensión tradicional del territorio nacional. Más allá del espacio continental en América del Sur, este concepto incorpora el Sector Antártico Argentino y los espacios marítimos del Atlántico Sur como partes fundamentales de una misma unidad estratégica.
Formalizada a través de la Ley 26.651 en 2010, la bicontinentalidad se traduce de manera concreta en el Mapa Bicontinental, de uso obligatorio en el sistema educativo y organismos públicos. A diferencia de las representaciones tradicionales, este mapa muestra al país en su verdadera dimensión, incluyendo la Antártida en proporción real.
Este cambio no es solo cartográfico: implica una redefinición del centro geográfico argentino, que se desplaza hacia el sur y se ubica en Ushuaia, reforzando el rol de Tierra del Fuego como provincia clave, cuya jurisdicción abarca no solo el territorio insular sino también las Islas del Atlántico Sur y el sector antártico.
Bajo esta concepción, la Argentina alcanza una dimensión territorial ampliada que supera los 10 millones de km² si se incluyen la plataforma continental y los espacios marítimos. En este esquema, el Atlántico Sur deja de ser una periferia para convertirse en un eje central, tanto por su valor geopolítico como por la riqueza de sus recursos naturales.
En este sentido, la ampliación del límite exterior de la plataforma continental, reconocida por la ONU en 2016, representa un hito clave. Este avance permitió a la Argentina extender sus derechos soberanos sobre el lecho y subsuelo marino más allá de las 200 millas, alcanzando en algunos puntos las 350 millas. Allí se concentran recursos estratégicos como hidrocarburos, minerales y especies marítimas de alto valor económico, cuya explotación y protección son fundamentales para el desarrollo futuro.
Sin embargo, esta proyección bicontinental se encuentra atravesada por disputas de soberanía. El reclamo argentino sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, basado en argumentos históricos, geográficos y jurídicos, forma parte inseparable de esta visión. Desde la perspectiva nacional, estas islas no son territorios aislados, sino piezas clave en la integridad territorial que conecta el continente con la Antártida.
La Guerra de Malvinas de 1982 marcó un punto de inflexión en este proceso. El conflicto no solo reforzó el carácter permanente del reclamo, sino que también visibilizó la importancia estratégica del Atlántico Sur. A partir de entonces, la mirada sobre el sur se transformó: las islas pasaron a ser entendidas como la “llave” de acceso a la Antártida y al control de rutas marítimas fundamentales como el Pasaje de Drake.
En el presente, uno de los principales condicionantes de la proyección bicontinental argentina es la presencia militar británica en las Islas Malvinas. La base de Mount Pleasant funciona como un punto de control estratégico sobre el tráfico aéreo y marítimo en el Atlántico Sur, además de respaldar la administración unilateral de recursos, como la pesca, en áreas que Argentina considera propias.
Esta situación genera una superposición de jurisdicciones que impacta tanto en términos de soberanía como en el aprovechamiento económico.
A su vez, las consecuencias de la guerra continúan vigentes en el plano militar y tecnológico. Las restricciones para acceder a equipamiento con componentes británicos limitan la capacidad argentina de patrullar su plataforma continental, lo que incide directamente en la lucha contra la pesca ilegal en zonas como la “milla 201”.
Frente a este escenario, la Antártida se presenta como un espacio clave para sostener la proyección soberana. Argentina mantiene una presencia científica ininterrumpida desde 1904 y cuenta con la mayor cantidad de bases en el continente blanco. Esta política no solo responde a compromisos internacionales en el marco del Tratado Antártico, sino que también constituye una forma de ocupación efectiva y pacífica que refuerza su posición en la región.
Desde una mirada estratégica, la Argentina bicontinental no es únicamente una definición territorial, sino un proyecto de país. Implica comprender que el futuro nacional está estrechamente ligado al control y desarrollo del Atlántico Sur, a la defensa de sus recursos y a la consolidación de su presencia en la Antártida.
En este marco, el desafío radica en articular políticas de Estado que integren diplomacia, defensa, ciencia y desarrollo económico. La bicontinentalidad, así entendida, no sólo redefine el mapa argentino, sino también su lugar en el mundo, en un contexto global donde los territorios australes y los recursos estratégicos adquieren una relevancia creciente.
Pensar, pero principalmente proyectar, una Argentina Bicontinental es un acto de soberanía. La usurpación británica no sólo impide un desarrollo económico y estratégico, sino que también efectuar el legítimo reclamo que tiene nuestro país hacia la totalidad de su territorio,
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