
Entre la herencia kirchnerista y la búsqueda de una nueva conducción, la interna que divide al Peronismo
Mientras la interna carcome al peronismo desde adentro, distintos sectores buscan reorganizarse por fuera de la disputa por el mando.
El amplio campo nacional y popular atraviesa un escenario de disputa interna que desgasta a la militancia y pone en aprietos a quienes históricamente eligieron el camino de la justicia social. Lejos de aprovechar su rol opositor para profundizar las heridas abiertas por el Gobierno Nacional y posicionarse con un proyecto de cara al próximo año, sus principales dirigentes encabezan una guerra que pareciera no tener final.
El motivo del conflicto es simple y claro: quién será el conductor del movimiento. Los nombres aparecen rápidamente: el gobernador Axel Kicillof o el heredero político, Máximo Kirchner. Pero allí se inscribe el verdadero problema: mientras se disputa la conducción, se pierde la organización interna; el movimiento queda a la deriva y comienzan a emerger otros nombres propios, hambrientos de poder.

Algunos podrían decir que la conducción está proscripta, en referencia a la figura de Cristina Fernández de Kirchner, y que ese veredicto de la (in)justicia argentina provocó que el peronismo se encuentre en este momento tan crítico. Pero esa afirmación cometería un error de extrema peligrosidad: subestimar a la dos veces presidenta de la Nación.
Desde San José 1111 se manejan muchos de los hilos de las acciones de Máximo Kirchner y de la militancia camporista. La expresidenta no perdió poder político; por el contrario, su ambición por mantenerlo e incluso ampliarlo forma parte de la problemática actual. Su conducción ya no interpela a todos los sectores del campo nacional y popular, pero su negativa a pasar el bastón de mando terminó generando este escenario.
El gobernador de la provincia de Buenos Aires, fogoneado por su mano derecha, Carlos Bianco, y por un “viudo de La Cámpora” como Andrés “Cuervo” Larroque, es quien encabeza actualmente este enfrentamiento por la conducción. Axel Kicillof no solo disputa la batalla por presidir el PJ, sino también por convertirse en el candidato que lleve adelante un proyecto de país peronista.

Mientras Cristina Fernández de Kirchner le dio el aval a Sergio Uñac, exgobernador de San Juan, para posicionarse como posible candidato presidencial, Kicillof se resguarda y evita lanzar oficialmente su candidatura. Desde su entorno afirman que este no es el año para hacerlo, pero el tiempo corre, los nombres aparecen y en San José 1111 no dejan de mover fichas.
Hasta hace algunos meses nadie imaginaba una boleta de Uñac en 2027; hoy esa posibilidad ya forma parte del escenario político. El heredero todavía no estaría listo y, por eso, el sanjuanino salió a jugar para entorpecer y marcarle la cancha a Kicillof. El exministro de Economía se lanza lentamente y con cautela: gana apoyo federal poco a poco, pero también acumula enemigos y alimenta posibles traiciones.

Como mencioné anteriormente, los nombres y los intereses emergen. No todos los dirigentes peronistas se sienten representados por las ideas de Kicillof. En parte, porque temen las consecuencias de posicionarse en contra de Cristina, pero también porque no ven al gobernador como alguien capaz de presidir la Argentina. Varios sectores del peronismo buscan otra alternativa, y eso quedó reflejado en Parque Norte.
Organizado como un encuentro federal que contó con miles de militantes, allí se presentó una nueva alternativa, sin nombres propios de relevancia nacional pero con algo claro: un proyecto de país. Encabezado por Juan Manuel Olmos (CABA), Guillermo Michel (Entre Ríos), Victoria Tolosa Paz (La Plata), Federico Achával (Pilar), entre otros dirigentes, se expuso un plan económico para un futuro gobierno peronista. Muchos de los presentes responden actualmente al armado de Kicillof, pero no dudarían en cambiar de bando si el poder estuviera en otro lado.
Claramente, ninguno de quienes encabezaron el encuentro aparece hoy como presidenciable. Sin embargo, el hecho de haber presentado un proyecto habla de la intención de construir una alternativa que no provenga ni del kirchnerismo ni del kicillofismo. El desafío para el peronismo pasa justamente por allí: escapar de la ridícula interna por el bastón de mando o consensuar un candidato de unidad. Sectores como los de Miguel Ángel Pichetto y Guillermo Moreno trabajan en esa dirección, impulsando la idea de un gran frente peronista. Incluso el gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, quien envió intendentes a Parque Norte, no vería con malos ojos sumarse a ese armado.

Por ello, tal vez la boleta peronista de 2027 no lleve ni al candidato de Cristina ni a Axel Kicillof. Las posibilidades son múltiples: desde una unidad encabezada por Sergio Massa, el dirigente con mayor armado político del país y también el más cercano al círculo rojo, hasta una gran interna que salde, de una vez por todas, los egos que tanto han manchado la doctrina.
Lo cierto es que, mientras la interna carcome al peronismo desde adentro, con actos desafortunados y chicanas entre Mayra Mendoza y Carlos Bianco, distintos sectores buscan reorganizarse por fuera de esa disputa infantil. Pero el reloj es cruel. En Argentina, los segundos corren más rápido y, cuanto más compleja se vuelva la reorganización, más difícil será vencer al tiempo.

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